El mes pasado, de la mano de Friedrich Nietzsche, exploramos una idea incómoda pero esencial: la salud no consiste en sentirse bien de forma constante, sino en desarrollar la capacidad de integrar lo que nos ocurre, incluso —y especialmente— cuando duele.
Este mes damos un paso más. Si Nietzsche nos invitaba a amar nuestro destino, ahora surge una pregunta aún más incómoda:
¿Y si el problema no es el sufrimiento, sino no saber para qué sirve?
En una cultura obsesionada con eliminar cualquier forma de malestar —estrés, tristeza, incomodidad—, la propuesta de Viktor Frankl resulta profundamente provocadora. No hablaremos aquí de fricción física, sino de fricción emocional: ese roce inevitable entre lo que vivimos y lo que desearíamos vivir.
Frankl no fue un teórico distante. Fue un intelectual judío que sobrevivió a los campos de concentración nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Desde esa experiencia límite formuló una idea radical, vigente aún hoy:
“La vida conserva su sentido incluso en el sufrimiento más extremo.”
El Sentido como Motor de Salud
Para Frankl, la salud psicológica no depende de cuánto placer sentimos o cuánto evitamos el dolor, sino de si percibimos que nuestra vida tiene sentido. Esto cambia completamente el enfoque. No se trata de eliminar la ansiedad, la enfermedad o el malestar a toda costa. Se trata de encontrar un “para qué” que haga que ese malestar sea soportable.
Su idea central, desarrollada en su obra más conocida, El hombre en busca de sentido , es clara. El ser humano puede soportar casi cualquier situación si encuentra un significado en ella. Esto no convierte el sufrimiento en algo deseable (¡eso sería masoquismo!), pero sí en algo potencialmente valioso. Así, concluimos que el estrés no siempre es patológico, sino una respuesta a que algo de nuestro entorno no funciona; el dolor no siempre es un enemigo, sino una señal de que nuestro cuerpo requiere atención; y, esencialmente, la incomodidad no es un sentimiento que debamos evitar, sino que más bien nos obliga a preguntarnos el sentido de dicha incomodidad.
Dar Sentido al Malestar Cotidiano
No somos nosotros quienes debemos preguntarle a la vida qué sentido tiene. Es la vida la que nos está preguntando constantemente a nosotros. ¿Y cómo le respondemos a la vida? Con nuestras acciones. Esto desmonta la idea de que el propósito es algo abstracto o lejano. No es una gran misión épica que tienes que descubrir, ni una verdad revelada únicamente a gurús o figuras espirituales: tú mismo puedes interactuar con este propósito (o sentido) hoy mismo. El sentido es concreto, cotidiano y cambiante: se encuentra en cómo afrontas una enfermedad, cómo sostienes una relación difícil o cómo atraviesas una pérdida. Incluso en situaciones en las que no puedes cambiar lo que ocurre, siempre queda un espacio de libertad: la actitud con la que lo enfrentas.
Y esa actitud, para Frankl, también es salud.
Y sí, este artículo puede resultar más denso que los anteriores, por lo que es mejor bajar esto a tierra. Si este mes te sientes agotado, desmotivado o emocionalmente inestable, la pregunta no es solo ¿cómo lo elimino?.
Prueba con algo distinto: ¿qué me importa tanto como para que esto me esté afectando así? ¿Qué valor hay detrás de este malestar? ¿Qué tipo de persona quiero ser mientras atravieso esto? Esto no sustituye al descanso, la terapia o el tratamiento médico, pero añade una capa que muchas veces falta: dirección. En un mundo cada vez más rápido y frenético, difícilmente podemos centrar la atención en nosotros mismos. Tener una dirección que dé explicaciones racionales a lo que nos ocurre hace que esto nos sea más llevadero, porque, sin sentido, cualquier esfuerzo pesa el doble. Con sentido, incluso el esfuerzo tiene propósito.
Cómo NO Malinterpretar a Frankl
Como en cada artículo, es importante aclarar qué NO nos está diciendo el autor.
Primero (y más importante), la filosofía de Frankl NO es una glorificación del sufrimiento. Frankl no dice que debas buscar el dolor ni quedarte en situaciones dañinas: él no es masoquista, ni tú deberías serlo. Si puedes evitar el sufrimiento innecesario, hazlo. La cuestión es qué hacer cuando no puedes evitarlo.
Así, llegamos al segundo punto: la filosofía de Frankl NO es resignación pasiva. Encontrar sentido no es rendirse. Es, muchas veces, lo contrario: tomar una postura activa frente a lo que ocurre. La logoterapia (metodología terapéutica a la cual contribuye la obra de Frankl) es una herramienta psicológica, no un reemplazo de la medicina o la psicoterapia clínica cuando son necesarias. Frankl, además de su aporte en el mundo de la filosofía, era médico psiquiatra: sabía perfectamente la importancia del tratamiento adecuado.
Vivir con Propósito
La narrativa actual del bienestar insiste en que deberíamos sentirnos bien casi todo el tiempo. Frankl nos propone algo más realista… y más profundo. No puedes controlar todo lo que te ocurre, pero sí puedes decidir qué significado le das. Y eso cambia la experiencia por completo. Este mes, en lugar de obsesionarte con optimizar tu estado emocional, prueba a hacerte una pregunta distinta:
¿Para qué merece la pena atravesar esto?
Porque tal vez la salud no consiste en eliminar el malestar, sino en que tu vida tenga suficiente sentido como para sostenerlo. El malestar con sentido se convierte en algo más, mucho más saludable y llevadero que sufrir sin un propósito.
Sobre las fuentes:
Este artículo se basa principalmente en las ideas desarrolladas por Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido (1946), así como en los fundamentos de la logoterapia. Para profundizar, también se recomienda explorar La voluntad de sentido (1969), donde el autor desarrolla con mayor detalle su enfoque terapéutico y filosófico aplicado a la vida cotidiana.





