Es 1 de enero. Tu feed de redes sociales está inundado de propósitos: «Este año SÍ voy al gimnasio», «Voy a dejar el alcohol (o más comúnmente, el tabaco)», «Nueva rutina de autocuidado», «Voy a ser mi mejor versión». Las aplicaciones de hábitos se descargan masivamente. Los gimnasios están llenos (por ahora). La industria del bienestar te bombardea con promesas de transformación. Y sin embargo, si eres honesto contigo mismo, una parte de ti ya siente el peso agotador de todo esto antes de empezar. Llega febrero: todo sigue como siempre, y el peso del fracaso se hace notar.
Hoy no hablaremos de filosofía clásica, sino de un autor más vigente que nunca: nuestro protagonista es Byung-Chul Han, filósofo y ensayista surcoreano-alemán cuyo diagnóstico de nuestro tiempo es tan incómodo como necesario: estamos enfermos de nosotros mismos.
Tú Eres Tu Propio Explotador
En su obra más influyente, «La Sociedad del Cansancio» (2010), Han describe una transformación histórica crucial. Las sociedades disciplinarias del siglo XX (piensa en fábricas, hospitales psiquiátricos, prisiones) funcionaban mediante prohibiciones externas: «No debes». Había un poder visible que te controlaba desde fuera.
Pero la sociedad actual, dice Han, es una «sociedad del rendimiento» donde el mandato ha cambiado: «Debes poder». Y aquí está lo perverso: ya no hay un jefe cruel diciéndote que trabajes más. Eres tú quien te lo exiges a ti mismo. Te has convertido en tu propio capataz, tu propio vigilante, tu propio explotador. Esta libertad es engañosa. ¿Por qué? Porque ahora no puedes culpar a nadie de tu agotamiento. Si fallas, es tu culpa. Si no rindes, es tu problema. Si estás cansado, es que no te esfuerzas lo suficiente.
Aplica esto al bienestar: no es el sistema de salud el que te exige estar sano, eres tú quien debe «optimizarse» constantemente. Dieta, ejercicio, meditación, suplementos, tracking de sueño, análisis de biometría. El mensaje es: “tienes todas las herramientas, si no estás bien es porque no te esfuerzas suficiente”. En esta sección ya hablamos de Aristóteles y Epicuro: él como los excesos son tan nocivos como los defectos. Proponerte empezar el gimnasio está bien; proponerte una rutina de 5 días semanales de alto rendimiento sin haber agarrado una mancuerna en tu vida, tal vez escapa de lo que los clásicos entenderían como “virtud”.
Sonríe o Muere
Lo más radical de Han es su crítica a lo que llama «violencia de la positividad». Estamos acostumbrados a pensar la violencia como algo negativo, represivo: el «no» que limita. Pero Han identifica una violencia mucho más insidiosa en el «sí» ilimitado, en el «todo es posible», en el «tú puedes». Este eslogan suena liberador, pero esconde una exigencia totalitaria: si puedes, debes. Y si no lo logras, no puedes culpar a las estructuras: solo a tu falta de voluntad.
En el contexto de la salud, esto se traduce en lo que podríamos llamar el imperativo del bienestar. ¡Debes estar sano, debes estar feliz, debes optimizarte constantemente, y si no lo estás es únicamente culpa tuya! El resultado es paradójico: la obsesión con el bienestar nos enferma. Han lo llama autoexplotación, y es más eficiente que cualquier explotación externa porque viene con la ilusión de libertad. Esta lógica es perfecta para la industria del bienestar: siempre hay un nuevo producto, un nuevo método, una nueva técnica que «sí funcionará… si te comprometes de verdad».
Han utiliza el término «sociedad del dopaje» para describir nuestra relación con el rendimiento. No solo dopaje químico (aunque el consumo de ansiolíticos, antidepresivos y estimulantes se ha disparado según diversos metaanálisis académicos), sino dopaje mental: técnicas de productividad, hacks de biohacking, optimización constante del sueño, la dieta, el ejercicio… La lista parece no terminar nunca.
El problema no es que estas cosas sean malas per se (un estilo de vida sano y una dieta equilibrada son dos metas a las que todos deberíamos aspirar). El problema es que se han convertido en mandatos, en exigencias de un yo hipertrofiado que nunca está satisfecho. Como escribe Han, la depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de positividad.
Esa lista interminable de propósitos de año nuevo no es un plan de mejora, es un programa de autoexplotación. Y cuando falles (porque estadísticamente el 80% de los propósitos fracasan antes de febrero), no será porque los propósitos no fueran realistas o porque tu economía o entorno no te lo permite. Será «tu culpa».
El problema no es querer un mayor bienestar personal; el problema es sacrificar tu bienestar presente por un bienestar futuro que nunca llega.
No malinterpretes a Han
Es importante aclarar que Han NO dice que no debas cuidarte: Su crítica no es al autocuidado genuino, sino a la autoexplotación disfrazada de autocuidado. Han TAMPOCO promueve el nihilismo o la pasividad: No te está diciendo que abandones todo esfuerzo, sino que examines bajo qué lógica estás esforzándote. Así mismo, el autor NO niega los problemas de salud reales. Si tienes depresión clínica, problemas físicos o de alimentación, necesitas tratamiento profesional.
El problema no es la persona que va al gimnasio como una parte integral de su vida, siendo una actividad que le aporta autorrealización, disciplina y (lógicamente) salud. El problema es la persona que siente que DEBE ir al gimnasio, busca integrar una rutina de entrenamiento que no es compatible con su vida diaria, edad, o intereses (muchos ya ni siquiera acuden a un entrenador personal, delegando su función a la IA o a tutoriales de youtube que poco o nada saben del usuario).
Tal vez esa persona hubiera disfrutado el gimnasio si en lugar de imponerse esa rutina espartana de cinco días semanales, hubiera empezado con ir a sus ratos libres (como quien practica un hobbie, o quiere probar algo nuevo). En ese contexto, el gimnasio no es una obligación; es una seducción. Luego, es posible que dicha persona termine dedicándole más tiempo al gimnasio que la mayoría de la población: es natural quererle dedicar mucho tiempo a aquello que nos llena y nos aporta bienestar. Ese mismo bienestar dura mucho más que cualquier brote de motivación que se apaga al terminar enero.
Aplicación Práctica
Si las ideas de Han resuenan contigo, aquí tienes algunas preguntas incómodas para este enero. Pregúntate si ESE objetivo surge de un deseo genuino o de la sensación de que tú «deberías» ser diferente. ¿Acaso estás tratando de «arreglarte» porque genuinamente algo no funciona, o porque has interiorizado que nunca vas a ser suficiente? Y si fallas tu propósito, ¿será porque el propósito era irreal o porque «no te esforzaste lo suficiente?»
Han, además, propone algo profundamente contracultural: recuperar el aburrimiento. No el aburrimiento como problema, sino como espacio contemplativo donde puede surgir algo genuino. En una sociedad hiperestimulada, el aburrimiento es revolucionario.
¿Y si este año, en lugar de más propósitos, practicaras menos? Menos autoexigencia, menos optimización, menos tracking, menos «mejora continua». Tal vez, en esa falta de necesidades autoimpuestas empieces a observar otras necesidades, más reales y que realmente requieran de tu atención.
Este consejo no vende. No hay app para hacer menos. No puedes trackear tu progreso en «dejar de exigirte». No existe la rutina de no tener rutina. Pero quizás precisamente por eso vale la pena intentarlo.
Las ideas aquí presentadas se basan principalmente en «La Sociedad del Cansancio» (Müdigkeitsgesellschaft, 2010), tal vez uno de los mejores libros acerca de la posmodernidad. También cabe destacar las ideas presentadas en «La Agonía de Eros» (2012) y «El Aroma del Tiempo» (2009) de Byung-Chul Han. Para profundizar, se recomienda también «Psicopolítica» (2014) del mismo autor.
Sobre el autor:

Miquel Gómez i Olivella cuenta con estudios universitarios en Psicología (Universitat de Barcelona) y Filosofía (Universitat Oberta de Catalunya). Actualmente se encuentra perfilando su formación profesional en estas disciplinas, colaborando en iniciativas para fomentar la salud mental, destacando “Aquí Estoy” (en la que brinda acompañamiento a distancia) y “Proyecto S.O.R.A.Y.A.” En su tiempo libre ejerce de divulgador en Instagram, a través de la cuenta @agorapsicosofia.





