La Interocepción y su relación con el Autismo

La interocepción es uno de los sistemas sensoriales menos conocidos, pero desempeña un papel crucial en la manera en que las personas experimentan su propio cuerpo y sus emociones. Se define como la capacidad de percibir las sensaciones internas del organismo: latidos del corazón, respiración, hambre, sed, temperatura corporal, necesidad de ir al baño o tensión muscular, entre otras. Gracias a la interocepción, podemos identificar estados fisiológicos y responder de forma adecuada a ellos, ajustando nuestro comportamiento y nuestras emociones.

Este sentido interno funciona como un “termómetro corporal” que informa al cerebro sobre lo que ocurre dentro del cuerpo. Cuando la interocepción está bien regulada, permite reconocer señales como “tengo hambre”, “estoy cansado” o “me siento ansioso” con claridad y a tiempo. Además, está estrechamente vinculada a la autorregulación emocional, ya que muchas emociones tienen un componente corporal: un corazón acelerado puede indicar miedo o entusiasmo, un nudo en el estómago puede relacionarse con ansiedad, y el calor en el rostro puede asociarse con vergüenza o enojo.

Interocepción y autismo: cómo se perciben las señales internas

En el caso del autismo, numerosas investigaciones han mostrado que la interocepción puede estar alterada. Esto no significa que todas las personas autistas tengan dificultades interoceptivas, pero sí es común que experimenten diferencias importantes en la forma de percibir y procesar las señales internas. Estas diferencias pueden manifestarse de diversas maneras.

Una de las más frecuentes es la hiposensibilidad, es decir, una menor capacidad para notar señales internas. Algunas personas autistas pueden no identificar el hambre hasta que es muy intensa, pueden tener dificultad para notar que están lastimadas o pueden no darse cuenta de que necesitan ir al baño hasta que la urgencia es extrema. Esta hiposensibilidad también puede afectar la percepción emocional: si los cambios corporales asociados a una emoción no se detectan con facilidad, identificar y nombrar esa emoción puede resultar más difícil.

En el extremo contrario, otras personas experimentan hipersensibilidad interoceptiva, lo que significa que perciben las sensaciones internas de manera muy intensa. Esto puede generar angustia ante señales corporales que para otras personas pasarían desapercibidas, como un ligero cambio en el ritmo cardíaco o la sensación del estómago moviéndose después de comer. En estos casos, las emociones también pueden sentirse de forma abrumadora, ya que los cambios fisiológicos asociados se perciben con gran intensidad.

Cómo influyen las dificultades interoceptivas en el bienestar emocional

Las diferencias interoceptivas en el autismo tienen un impacto significativo en la vida diaria. Pueden influir en la alimentación, el sueño, la comunicación emocional, la respuesta al estrés y la autorregulación. Asimismo, pueden dificultar la identificación de estados emocionales como ansiedad o frustración, lo cual puede derivar en conductas que se interpretan como desregulación, cuando en realidad son intentos de manejar sensaciones internas confusas o intensas.

En conclusión, la interocepción es un componente fundamental del bienestar físico y emocional, y comprender su papel en el autismo permite interpretar mejor muchas de las experiencias sensoriales y conductuales de las personas autistas. Reconocer estas diferencias abre la puerta a apoyos más empáticos y efectivos, favoreciendo una mayor comprensión de sí mismas y un mejor manejo de sus emociones y necesidades corporales.


Sobre la autora

Vanesa Díaz

Logopeda infantil y CEO de una plataforma de logopedia online. Comprometida con acercar la terapia del lenguaje a todas las familias.”
Podeís seguirla en su web tuterapiadelhabla.com y en su instagram @tuterapiadelhabla

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