Hay algo que me repiten mucho en consulta:
“Sergio, yo quiero hacer ayuno… pero no puedo. Me entra una ansiedad, un hambre brutal, como si me fuera a desmayar.”
Y no, no es gula.
Ni falta de disciplina.
Ni un fallo de tu cuerpo.
Es una señal.
Una brújula biológica que te está gritando:
“Algo no está bien en el sistema.”
Y es ahí donde empieza este artículo.
¿Por qué te cuesta tanto hacer ayuno?
Hay 3 razones muy claras por las que tu cuerpo no puede sostener ni unas horas sin comer. Y todas tienen que ver con una cosa: energía mal gestionada.
- Estás lleno de comida, pero vacío de energía
La resistencia a la insulina es una de las pandemias silenciosas de este siglo.
Es cuando tus células, literalmente, se «hartan» de tanta insulina y cierran la puerta. Aunque tengas azúcar en sangre, tus células no la pueden usar.
¿Y qué pasa cuando una célula se queda sin energía?
Te manda señales de hambre.
Aunque acabes de comer.
- No tienes reservas: estás en modo pánico interno
Tu hígado debería funcionar como un tanque de reserva energética.
Pero para que eso ocurra necesita minerales clave como potasio y magnesio. Sin ellos, no hay forma de almacenar energía en forma de glucógeno.
Y cuando no tienes reserva, tu cuerpo entra en modo alerta.
Es como si tu móvil se quedara sin batería… y sin cargador.
- No estás desnutrido… estás deshidratado
Pero no de agua.
Sino de agua con sal natural, con cloruro de sodio, el rey de los electrolitos.
Sin sal, tus células pierden conductividad eléctrica.
Baja tu energía…
Y el cuerpo empieza a pedir lo que más rápido le puede dar esa chispa:
Carbohidratos. Harinas. Dulces. Antojos.
El hambre no es el problema. Es el síntoma.
Cuando logras corregir estos tres pilares —insulina, minerales y sal—
el hambre desaparece.
Tu cuerpo deja de pedir.
Y empieza a vivir de sí mismo.
Entonces… ¿Qué pasa cuando dejas de comer?
Aquí viene la magia.
Y la parte más poderosa de este artículo.
Tu cuerpo tiene un programa secreto.
Un software interno de reparación y limpieza.
No necesita pastillas.
Ni hacks.
Solo necesita tiempo y silencio digestivo.
Se llama autofagia.
Y junto a la apoptosis (la “muerte programada” de células que ya no sirven),
activa el sistema de autorreparación más potente jamás creado.
Tu cuerpo no se equivoca. Solo necesita que tú salgas del medio.
Cuando comes todo el día, cada 2 o 3 horas,
cuando vives encendido por luces artificiales, estrés y notificaciones,
no le das espacio a tu cuerpo para hacer su trabajo.
¿Y cuál es ese trabajo?
→ Limpiar lo que ya no sirve.
→ Regenerar tejidos.
→ Resetear el sistema.
Eso no ocurre mientras comes.
O mientras digieres.
Eso ocurre cuando respetas los ritmos de la vida.
Hay un tiempo para comer… y un tiempo para reparar
La clave no es comer menos.
Es saber cuándo no comer.
No se trata de ayunar porque está de moda.
Se trata de dejar de interrumpir.
Cuando le das al cuerpo las condiciones adecuadas,
él no solo se estabiliza…
Él florece.
En resumen
- Si no puedes hacer ayuno, escucha esa señal.
Corrige tu hambre desde la raíz: insulina, minerales, hidratación real.
Y cuando el cuerpo esté listo… déjalo hacer su magia.
La salud real no viene de añadir más.
Viene de molestar menos.
Tu cuerpo es sabio. Solo necesita tiempo, orden y tu permiso.
¿Se lo vas a dar?
Sobre el autor

Osteópata, mentor en salud integral y creador de la Técnica Integrativa y del método Reset Vital.
Puedes seguirlo en @tecnicaintegrativa





