Durante mucho tiempo pensé que estaba simplemente cansada. Dormía más cuando podía, intentaba organizarme mejor, hacía listas interminables… pero la sensación no desaparecía.
Había algo más profundo. Me di cuenta de que estaba emocionalmente desbordada.
No todo cansancio es físico
Hay un tipo de cansancio que se cura con una noche de descanso. Y hay otro, que se instala más adentro, que no mejora, aunque duermas ocho horas, que te acompaña incluso en vacaciones.
El burnout emocional no aparece de golpe. Se va construyendo poco a poco, como una mochila que vamos llenando sin darnos cuenta: responsabilidades, expectativas, exigencia, culpa, perfeccionismo, querer llegar a todo…
Hasta que un día el cuerpo empieza a hablar, y empiezas a sentir; irritabilidad, falta de concentración, sensación de vacío, desmotivación, dolores físicos sin causa clara.
Y, aun así, seguimos.
¿Qué es realmente el burnout?
El término burnout fue descrito por Herbert Freudenberger en los años 70 para explicar el agotamiento extremo en contextos laborales. Más adelante, Christina Maslach profundizó en el concepto y lo definió como un estado de agotamiento emocional, despersonalización y pérdida de realización personal.
Pero hoy sabemos que no solo ocurre en el trabajo. También aparece en la maternidad, en el cuidado de otros, en mujeres que sostienen todo en silencio.
El burnout emocional es un desgaste interno sostenido en el tiempo. Es una respuesta a una sobrecarga prolongada sin descanso emocional real.
La raíz emocional del agotamiento
Desde la inteligencia emocional entendemos que el burnout no es solo una cuestión de agenda, sino de gestión emocional.
Cuando acumulamos emociones sin expresarlas; frustración, miedo, tristeza, enfado, el cuerpo permanece en estado de alerta constante. El estrés deja de ser puntual y se convierte en crónico.
El estrés no depende solo de lo que ocurre, sino de cómo lo interpretamos y de los recursos que sentimos que tenemos para afrontarlo.
Si percibimos que debemos poder con todo y no nos damos permiso para parar, el sistema no descansa nunca.
Yo misma he pasado por etapas en las que confundía responsabilidad con autoabandono. Quería hacerlo todo bien, estar disponible para todos, no fallar, no parar…
Viví una etapa de mi vida en la que los síntomas físicos estaban ahí: migrañas semanales, infección de orina continua. Sí, como lo lees. Ansiedad, pérdida de visión, pérdidas de memoria, mareos, niebla mental, desregulación de mi tiroides…todo esto lo viví durante un año, día tras día. Pero yo no quería hacer caso. Y llegó el día en el que mi pérdida de memoria y mi desconexión emocional conmigo misma me provocó no poder hacer mi trabajo. Y ese fue el día en el cual paré y decidí trabajar en mí.
No siempre escuchamos a la primera.
A veces necesitamos que el cuerpo suba el volumen.
El cuerpo como altavoz
El agotamiento emocional puede manifestarse en contracturas, problemas digestivos, alteraciones del sueño, fatiga constante, sensación de desconexión o lo que me ocurrió a mí.
No siempre es “algo físico” aislado.
Muchas veces es una emoción sostenida demasiado tiempo.
Desde la educación emocional sabemos que las emociones no gestionadas buscan salida. Si no se expresan con palabras, se expresan con síntomas.
Una mirada diferente
Entender el burnout es aprender a reconocer límites.
No se trata de hacer menos cosas únicamente. Se trata de revisar desde dónde las hacemos.
La inteligencia emocional nos invita a revisar si estamos viviendo desde la exigencia o desde la coherencia, si estamos escuchando nuestras señales internas o simplemente respondiendo a lo externo.
El descanso verdadero no es solo dormir. Es sentir que no tienes que demostrar nada a nadie.
Y cuando empezamos a darnos ese permiso, el cuerpo también empieza, poco a poco, a relajarse.
Bibliografía
- Freudenberger, H. J. (1974). Staff Burn-Out. Journal of Social Issues.
- Maslach, C., & Jackson, S. E. (1981). The measurement of experienced burnout. Journal of Occupational Behavior.
- Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer.
- Bisquerra, R. (2015). Inteligencia emocional en educación. Síntesis.
- Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence. Bantam Books
Sobre la autora

Maestra y empresaria, experta en inteligencia emocional y salud hormonal.
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