El sistema olfativo se configura como una de las vías sensoriales más singulares del organismo humano, tanto por su estructura como por su funcionamiento. A diferencia de otras modalidades sensoriales, la información que transmite mantiene una relación directa con regiones cerebrales implicadas en la memoria y la regulación emocional. Esta característica otorga al olfato un papel relevante no solo en la detección de estímulos químicos, sino también en la integración de experiencias cognitivas y afectivas. En este sentido, su estudio adquiere especial interés en el análisis del perfil sensorial y los procesos de autorregulación, particularmente en contextos de neurodiversidad.
Funcionamiento del sistema olfativo
El proceso olfativo comienza en la mucosa nasal, donde células receptoras especializadas captan moléculas odoríferas presentes en el entorno. Estas señales químicas son transformadas en impulsos eléctricos mediante mecanismos de transducción y posteriormente conducidas por el nervio olfatorio hacia el bulbo olfatorio. En esta estructura se produce una primera organización de la información, que permite diferenciar y reconocer los distintos olores. A partir de este punto, las señales se distribuyen hacia áreas cerebrales superiores sin necesidad de pasar obligatoriamente por el tálamo, lo que facilita una comunicación más directa con regiones relacionadas con la emoción.
Olfato, memoria y procesamiento emocional
Las proyecciones del bulbo olfatorio alcanzan zonas del sistema límbico, como la amígdala y el hipocampo, estructuras estrechamente vinculadas con la evaluación emocional y la consolidación de la memoria. Esta conexión explica la notable capacidad de los olores para evocar recuerdos autobiográficos con gran intensidad y carga afectiva. En comparación con otros estímulos sensoriales, los olores tienden a generar evocaciones más vívidas, lo que sugiere una integración particularmente estrecha entre percepción olfativa y procesamiento emocional.
Además de su relación con la memoria, el sistema olfativo interviene en la modulación del estado emocional. La exposición a determinados olores puede desencadenar respuestas inmediatas de agrado, rechazo, relajación o activación. Estas respuestas no dependen exclusivamente de las características físico-químicas del estímulo, sino también de la experiencia previa del individuo y del contexto en el que se produce la percepción, lo que pone de manifiesto el carácter subjetivo del procesamiento olfativo.
Perfil sensorial, neurodiversidad y autorregulación
En el ámbito de la neurodiversidad, el concepto de perfil sensorial resulta esencial para comprender las diferencias en la forma en que las personas perciben y responden a los estímulos del entorno. El perfil sensorial describe patrones individuales de procesamiento que pueden incluir una mayor o menor sensibilidad a determinados estímulos. En personas neurodivergentes, estas variaciones pueden manifestarse en la modalidad olfativa mediante una percepción intensificada o, por el contrario, atenuada de los olores. Estas diferencias pueden influir significativamente en la interacción con el entorno y en el equilibrio emocional.
La variabilidad en la percepción olfativa pone de relieve la importancia de considerar la diversidad sensorial en el análisis del comportamiento humano. Para algunas personas, ciertos olores pueden resultar especialmente intensos y provocar incomodidad o saturación sensorial, mientras que para otras pueden pasar prácticamente desapercibidos. Estas diferencias condicionan la experiencia cotidiana y evidencian la necesidad de enfoques individualizados en contextos educativos y clínicos.
Por otra parte, el sistema olfativo se encuentra estrechamente relacionado con los procesos de autorregulación. Esta capacidad implica la gestión de los estados internos —emocionales, atencionales y conductuales— en función de las demandas del entorno. Los estímulos olfativos pueden influir en el nivel de activación fisiológica, favoreciendo tanto la relajación como el incremento de la alerta. En consecuencia, determinados olores pueden emplearse como herramientas para facilitar la regulación emocional y la adaptación conductual.
En conjunto, el sistema olfativo participa activamente en la integración de información sensorial con procesos emocionales y cognitivos, contribuyendo a la construcción de la experiencia subjetiva. Su conexión directa con el sistema límbico explica su capacidad para influir en la memoria y en el estado afectivo. Asimismo, su relación con el perfil sensorial y la autorregulación lo convierte en un elemento clave para comprender las diferencias individuales en la percepción y en la interacción con el entorno, especialmente en el marco de la neurodiversidad.

Traductora, intérprete, subtituladora, profesora, recepcionista, activista neurodivergente y estudiante de logopedia.
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Colaboradora de Teamtouch.





